Tantas cosas he hecho por vos que tengo que cuidar que su recuento no te suene a reclamo; porque todo ha sido hecho en virtud del amor. Y los relámpagos y ciclones que solté, de la caja de Pandora, que un día me pusiste en las manos, sí es verdad que han dolido, que muchas veces me han arrancado piel de la raíz y me han hecho buscarme el corazón con miedo a no encontrar su pasito de soldado. Han sido mi propia, soberana decisión, mi perdición, mi gozo, por los que me he conocido más mujer, capaz de escaladas, acrobacias, tenacidad de burra rentada. Por los que he recorrido sendas ignotas, mareada por el olor tan cercano de la felicidad. Y te he buscado detrás de gestos y puertas, y hasta de la manera de abandonar tu ropa, y cuando te he encontrado, me he abierto de par en par como jaula repleta de ruiseñores. Y he sabido también cómo se siente tener un astro deslumbrante en las entrañas.

No quiero, pues, equivocarme con reclamos; me hago responsable del sol y de la sombra, pero, ay amor, como me duele, que estando yo en tu espacio, como estrella errabunda, fieramente colgada por vos en tu Universo, no me hayas descubierto el resplandor; no me hayas habitado, tomado posesión de mi luz, y solo te hayas atrevido a palparme —Como un ciego— En la oscuridad.

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