Acerca del amor romántico y otras malas costumbres

Melvin Brea

Así nos decía Walter Riso en su libro “Deshojando Margaritas”. Y es que definitivamente en torno al amor romántico se han escrito tantas cosas, que en realidad valdría la pena revisarlas una a una, o cuando menos por racimos.

En esta oportunidad quiero compartir lo que vi de una frase de Gabriel García Marques, con la que me encontré hace algunos días mientras navegaba por la red.

“Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo.”

Y bien????

Definitivamente existe una enorme cantidad de frases hermosas que cantan odas al amor. Frases que nos arrancan la piel de raíz y nos dejan desnudos ante muchas sensaciones, pero ya he perdido la cuenta de cuantas veces me pregunto ante ellas, ¿Qué tan convenientes resultan? Y definitivamente ello proviene de mi sentido crítico casi mal sano, por no llamarlo enfermizo; pues todas las cosas me las termino cuestionando y ello me resulta a veces cansón, pero como aquello que una vez leí de Mijail Bakunin:

“Ser libre significa no reconocer ninguna verdad que no haya sido aceptada por la propia conciencia”

De modo que trato de reconocer la verdad tras las palabras (o al menos mi verdad), en lugar de asumirlas de manera automática como ciertas, y es justamente en este sentido que quiero comentar algo sobre la hermosa afirmación escrita del Gabo, Premio Nobel de literatura ¿No les dije que era hasta mal sana esta costumbre de escudriñarlo todo?  :s

Pues bien, que linda suena, pero bajo la luz de la razón, que inapropiado me resulta que alguien puede ser el mundo para otra persona, pues si aceptamos esa lindura de declaración, cuando esa persona desaparezca, entonces, ¿Dónde queda nuestro mundo? ¿Desaparece y nosotros con él o nos quedamos flotando en el espacio infinito sin tener donde pisar?

Una vez escuché una canción que decía algo así como: “Eres el aire que respiro….”… Caray, pero que compromiso, convertirnos en elemento vital para otra persona ¿Qué tal si descubrimos un día que ya no la amamos, que queremos irnos? ¿Cómo abandonar a esa persona que se morirá sin nosotros?

Definitivamente no deseo ser órgano ni elemento vital para nadie, quiero permanecer al lado del ser amado, hasta que la muerte nos separe, si todo va bien, pero no me quiero quedar entrampado, atenazado, ni diluido con nadie, aunque no dejo de reconocer que suena hermosísimo y francamente cautivador .

Recuerdo que una vez quien fuera mi esposa, en uno de esos momentos mágicos me dijo. “No puedo vivir sin ti” y yo como siempre tan corta nota (les dije que era mal sana mi costumbre) le dije: “Yo sí puedo vivir sin ti, lo que pasa es que no deseo hacerlo…. Al menos por ahora”. Por su puesto que sonó anti romántico, pero me pregunto, ¿Acaso no tiene más valor estar al lado de otra persona porque no se quiere estar en otro lado, que porque no se puede hacer? Definitivamente para mí no sólo es más apropiado, sino que además es más conveniente, estar por “querer” que por “necesidad”

Lamentablemente son muchas las cosas (para mí) inapropiadas que se han tejido alrededor del amor romántico, todas ellas hermosísimas, pero absolutamente desenfocadas, que nos sugieren que perdamos nuestro centro y lo transfiramos a otro ser humano. Le otorgamos propiedades mágicas al vínculo de pareja, obviando que no podemos dar lo que no tenemos, que necesitamos sentir amor por nosotros mismos para poderlo ofrecer e incluso para poderlo recibir.

Y para cerrar esta disertación, un fragmento del libro “Extrañando a Dina” de Mario Alonzo Madrigal:

“Antes de unirme en pareja, debo estar lleno de amor, sólo así podré entregarlo y recibirlo. Si soy una persona vacía, el amor no surgirá al crear una relación, más bien, es probable que está contenga esa misma vaciedad.

Por ello, no debo considerar el vínculo de pareja como la fuente del amor -ya que esta se encue ntra dentro de mi-, sino como un canal por el cual se expresa el amor disponible en mi corazón.”

Sé que quizá esto que aquí expongo sea la antítesis del amor romántico, pero como diría Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.